VParte
El Oro
La Cuarta Parte siguió la energía más honda del cuerpo columna arriba y hacia la obra que más importaba a las ciencias antiguas. La Quinta Parte es la cumbre. Todo lo que queda por debajo era preparación.
Los minerales devueltos, los canales despejados, la comida convertida en luz, la glándula abierta, la corriente elevada, todo ello estaba construyendo un solo instrumento, y ahora el libro se vuelve para preguntar para qué fue siempre ese instrumento.
Aquí la práctica se encuentra con la meta más antigua de todas, la que los alquimistas persiguieron durante dos mil años y nunca dijeron con claridad: no el perfeccionamiento de una sustancia, sino el perfeccionamiento del operador.
El método no cambia en la cumbre, y la altitud no es excusa para abandonarlo. La parte sube en dos pasos.
Primero el secreto de los alquimistas, leído por fin con claridad. Llamaban noble a un metal cuando nada podía corromperlo, y dieron el nombre de oro a aquel que no se deslustraba, ni se disolvía, ni se degradaba. Luego pasaron dos mil años diciéndole a todo el que quisiera escuchar que el oro que buscaban no era el oro del vulgo. Casi nadie ha leído bien esa frase. El próximo capítulo la lee.
Vuelva al título, y a las cuatro generaciones de trabajo que subieron hasta esta página. El cuerpo incorruptible es el proyecto mismo, nombrado en la portada antes de que se pasara una sola página.
Y luego, pasado el oro, el libro dice su última palabra. Un instrumento refinado está construido para algo, y la respuesta más antigua es la frase más literal que se ha escrito nunca: en el principio era el Verbo.
La creación funciona con vibración, todo en el universo una frecuencia que se asienta en una onda estacionaria, y usted está hecho de las dos cosas que la obedecen, corriente y agua.
El operador perfeccionado no se limita a resistir. Habla, y se le responde. Ahí es adonde ha estado apuntando el ascenso entero. Quedan dos capítulos, y cada página anterior a ellos se escribió para hacerlos posibles.
