El cuerpo incorruptibleDescargar el PDF en inglés

IVParte

El Fuego

La Tercera Parte hizo del cuerpo un instrumento y lo encendió. Pero un instrumento encendido hay que tocarlo, y se toca con energía.

Marque esta página como el segundo cruce. El primero, hacia la Tercera Parte, fue de la materia a la luz. Este es de la luz al fuego, del cuerpo que usted afina a la fuerza que eleva a través de él.

El instrumento luminoso tiene ahora una corriente que levantar, y no es prestada ni es suave. Es la fuerza más honda que fabrica el cuerpo, la misma energía que acuña un nuevo ser humano, y casi todo el mundo la gasta tan rápido como se forma sin sospechar ni una sola vez de qué era la materia prima.

La Cuarta Parte es la conservación y el ascenso de esa fuerza, llevada columna arriba para despertar facultades que en la mayoría de la gente duermen una vida entera.

El mapa de toda la parte es la escala de los chakras, y el primer capítulo la despliega puerta por puerta. Todos los capítulos posteriores son trabajo hecho sobre esa escala.

Cuatro capítulos, y son un ascenso en sí mismos.

El primero conserva la fuerza y tiende la escala: guarde lo que la mayoría gasta, y el embalse que llevaba una vida entera vaciándose se convierte en el combustible de la subida.

El segundo es la mecánica de retenerla: tres cerrojos musculares que sellan la corriente en la base y la empujan hacia arriba, y la verdad dura que hay debajo de ellos, que este es el único impulso del que se huye en vez de combatirlo, porque el combate mismo alimenta el fuego.

El tercero le da la vuelta a todo. Las cuatro hambres que el mundo persigue durante toda su vida, el sexo, el poder, el dinero y la fama, no son en absoluto cuatro apetitos. Son una sola corriente, la misma fuerza que estos capítulos aprendieron a elevar, estancada y dando vueltas en las puertas bajas sin ninguna salida que se le haya dado jamás, que es exactamente la razón por la que, perseguidas ahí, no pueden llenarse nunca. Eleve la fuerza única y las cuatro pierden su combustible a la vez.

Y el cuarto es la técnica misma. El Kriya Yoga, la ciencia guardada de impulsar la corriente columna arriba mediante revoluciones exactas y repetidas de la respiración, entregada de maestro a alumno preparado durante la mayor parte de la historia registrada y abierta aquí con su preparación, su aritmética, sus peligros y su fundamento moral intactos, porque cada capítulo anterior venía construyendo en silencio el recipiente que exige.

Este es el motor. Consérvela, séllela, levántela puerta por puerta, y tiene la potencia que impulsa el ascenso final, el que las viejas ciencias llamaron la obra, y el oro que está en lo alto.

Una lámina grabada de dos lámparas de aceite, una en pie y llena, con una alta llama de latón, la otra volcada, vacía, con el aceite derramado sobre el banco.
El fuego. Un solo embalse, gastado o elevado. La mayoría lo vacía y nunca llega a saber para qué era.
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